Era el fin, él lo sabía y ellos no lo sabían. Escribió algo
en su computador, lo guardó en la carpeta de su hermano, entró a su pieza mientras
dormía, sacó su foto de carnet y la guardo en su bolsillo.
Bajó las escaleras despacio, se abrochó bien los cordones de sus zapatos y salió tranquilamente de su casa, como cualquier noche anterior, como cualquier sábado donde saldría con sus amigos.
Ya no había vuelta atrás, no podía haberla. Por más que a veces él lo quería sencillamente ya no estaba esa opción. Era débil, lo sabía y lo entendía. Llego hasta el puente, fumó su último cigarrillo y se puso los audífonos. Una canción le bastaba, una canción y todo se acababa. Era el fin, él siempre lo supo y lo acepto. Él lo sabía y ellos no. Él se arrojó.
Bajó las escaleras despacio, se abrochó bien los cordones de sus zapatos y salió tranquilamente de su casa, como cualquier noche anterior, como cualquier sábado donde saldría con sus amigos.
Ya no había vuelta atrás, no podía haberla. Por más que a veces él lo quería sencillamente ya no estaba esa opción. Era débil, lo sabía y lo entendía. Llego hasta el puente, fumó su último cigarrillo y se puso los audífonos. Una canción le bastaba, una canción y todo se acababa. Era el fin, él siempre lo supo y lo acepto. Él lo sabía y ellos no. Él se arrojó.
