domingo, 22 de abril de 2012

Ceremony.


Recuerdos, simples fotografías del ayer siendo revisadas y apreciadas desde mi cerebro, tiempos que añoramos, pero que por alguna extraña razón, por otra de esas misteriosas “coincidencias”, nunca llegaron a concretarse en la circunstancia que ameritaba. Yo no sé si permanecemos suspendidos como átomos en el aire esperando que suceda lo que haya de suceder, o tal vez, danzamos a través de una brisa marina siendo guiados solo, y simplemente, a completar el camino para encontrarnos nosotros mismos y así, el inevitable e inexacto renacer termine por devorar todo lo antes vivido, aprendido y amado para formar un nuevo ser, inimaginado jamás por las condiciones y formas en que nosotros hemos de plasmar la vida.
Vivir - Nacer - Aprender - Morir.

martes, 17 de abril de 2012

Es el tiempo que esperaba?


Por la cresta que me dolía la pierna, no la podía flectar bien mientras caminaba, paré en un negocio a tomarme una express, aunque la mayor parte del rato que estuve ahí me ponía el envase helado en la rodilla derecha que cada vez  la notaba mas hinchada, la disfrute mucho, cuando la terminé solo me apoye debajo de un árbol con sombra y me puse a descansar. No quería estar solo cuando llegue a mi casa, así que devolví el envase y  volví a ponerme en marcha.
Pasaron un par de cuadras cuando sonó mi celular “Alo? Leo, oye vamos a llegar tarde nosotros, así que vas a tener que hacer fuego porque no hay nadie en la casa” … Puta, quería que mi hermana me viera la pierna y conversar con el Feyo. No sé porqué pero no sentía gana alguna de llegar y no encontrar a nadie ahí.
Me senté en los columpios de una plaza cercana, recuerdo que cuando chico me daba miedo balancearme muy alto, pensaba que se cortarían las cadenas y rompería mi cabeza contra el suelo.
Quise caminar a otro lado pero no sabía bien donde ir, al cabo de un rato la pierna me siguió molestando, por lo que decidí volver a la casa y ponerme hielo. Engullí unas tostadas con leche y me tendí en la cama, es bacan mi pieza, me gustan los colores con los que la pintaron y me gusta la forma en la que ordené las cosas, me terminó dando sueño y se me calmo la pierna, puse la alarma para unas horas después y me preparé para dormir una siesta, últimamente me he acostumbrado mucho a hacerlo. Veo que mi guitarra esta afinada, eso me da ánimos para después, me pongo los audífonos, los redwalls están bien, creo que al fin y al cabo, terminaré disfrutando esta tarde.

domingo, 15 de abril de 2012

The ballad of Jim Jones


Leer un cuento de Ray Bradbury sin escuchar música antes de dormirme estaría bien, cualquier cosa que me haga pensar menos en el asunto resulta que es “sano” para mi. Bien, de todas formas no tengo ganas de despertar estrangulado por los audífonos al otro día, ni de dormirme imaginando que habría pasado si tal vez, solo tal vez, hubiera utilizado más la cabeza.
La noche esta helada y nublada, creo que llovizna, quisiera salir a caminar pero ya sería un riesgo tonto y quiero mejorarme del resfrío para volver a jugar a la pelota el martes. Me es cómodo sentir la casa sin ningún ruido más que uno que otro auto que pasa por la avenida a estas horas de la madrugada, si, realmente tengo ganas de caminar. Pensar que aún no le entrego la carta que le prometí, supuestamente se me arrugó y no se la di el día de su cumpleaños porque quise rehacerla, la verdad es que nunca la hice, no tenía ganas de escribirle en ese entonces, ni tengo ganas de escribirle ahora, pero como dijo Forrest Gump “una promesa es una promesa” y a pesar de todo ella siempre se preocupa por mi.
-¿Por qué viniste?
-Solo te extrañaba
Llegaron los recuerdos de esa tarde-noche, había bebido un poco en el cumpleaños de un amigo, solo estaba mareado, no ebrio, y a pesar de que su casa no quedaba camino a la mía (donde tenía que llegar con apuro) quise desviarme un poco y pasar a verla.  En fin, caminamos y hablamos, me gusta que sea así, llegar a esa mini-plaza y sentarnos en la banca bajo el álamo que debido al otoño cada vez me resulta más seco.  Fue ahí, poco antes de decirle que tenía poco tiempo cuando se acordó que aún no le daba su carta de cumpleaños, fue ahí, donde prometí llevársela mañana con la condición que me prestara su bufanda roja y amarillo que tanto me gustaba.
Fue corto, pero fue un lindo rato el que pase con ella.
Empiezan a ladrar los perros de los vecinos, mierda, despertará mi hermana, debo dormir bien para poner atención en clases y subir las notas, no hay tiempo para su carta, no hay tiempo para un buen libro, finalmente termino poniéndome los audífonos y recordando todo aquello que quise y no quise olvidar. 
Y aquí estoy, como un penoso de mierda nuevamente termino escuchando las canciones que nos dedicábamos y mirando tus fotos, si, aun te amo, te extraño.